La mesa del comedor era demasiado grande para dos personas que ya no se dirigían la palabra.
La mañana llegó rápido la luz del sol se filtró por los altos ventanales de la mansión.
El aroma del café caliente y del pan tostado llenaba el aire, pero ninguno lograba disipar el frío que se había instalado entre Alicia y Víctor.
Desde el incidente de la noche anterior, Alicia se había encerrado sola en su habitación, sin permitir siquiera que Víctor entrara.
¡No sabía dónde había dormido ese