—¡Tómame de la mano!
El tono de voz de Victor era plano, casi sin emoción.
Alicia giró la cabeza con rapidez.
—No hace falta, podemos caminar como de costumbre.
Victor no respondió. Su mano ya había alcanzado la palma de Alicia, sujetándola con fuerza sin importarle nada más.
—Para que parezcamos una pareja romántica —dijo en voz baja, sin mirarla.
Alicia resopló con molestia, pero aun así caminó a su lado. Llegaron a la sede central de la mayor industria del país.
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