—¿Tener un hijo?
Víctor frunció el ceño su expresión mostraba claramente incredulidad. Su mirada era afilada, como si intentara leer si Alicia estaba bromeando o escondiendo algo.
Al ver esa reacción, Alicia soltó una risa suave. No era una risa alegre, sino una carcajada breve y amarga.
—No juegues conmigo, Alicia —la voz de Víctor se endureció—. Es imposible que ya tengas un hijo.
—¿Por qué estás tan seguro? —preguntó Alicia en voz baja, pero con palabras que cortaban.
Víctor giró la cabeza