Promete que no vas a dejarme.
Debora no comprendía lo que su esposo estaba diciendo. Creyó que de pronto eran los efectos secundarios de aquella operación, pero la mirada dura de su esposo decía todo lo contrario. Estaba más que decidido: no podía continuar con esa relación donde ambos se estaban haciendo daño, y más porque iba a correr el riesgo de que la bebé también sufriera.
—¿Por qué estás diciendo esas palabras de repente? ¿Acaso no ves que acabas de salir de una operación? —dijo Debora, tratando de hacerlo entrar en