–Jarli, tu hora ha llegado–dijo uno de los hombres con voz enojada. Todos lucían alterados, con sus caras cubiertas y armas en mano, emitiendo una presencia ominosa que hacía temblar a Jarli–Maten a esa rata, una víbora como él no merece ni siquiera respirar–ordenó nuevamente el mismo hombre, con una frialdad que helaba la sangre.
–Jarli, ¿quiénes son ellos? preguntó Debora con los labios temblando de miedo.
–Cállate y no hagas una tontería–susurró Jarli sin apartar la mirada del arma que los