—Con mi madre... eran pocos los momentos que realmente disfrutamos juntos —continuó Javier, su voz ahora teñida de una suave nostalgia—. Pero pintar... pintar juntos era lo mejor. Ella cantaba mientras dibujamos, inventábamos historias sobre los personajes que creamos, jugábamos mucho. Y a veces... a veces me contaba cosas del pasado.
—¿Qué cosas del pasado te contaba? —pregunté con angustia, inclinándome hacia él, sintiendo una punzada de aprehensión. Las menciones del pasado siempre parecían