Samantha.
En este momento, desearía que la tierra me tragase o, al menos, que algún milagro me diera la fuerza suficiente para no abofetear a Marcos por ser tan imprudente.
Cristian aprieta mi mano con más fuerza de la que me gustaría. Me siento nerviosa, y mi estómago se retuerce al notar su tensión. Por favor, que no pase nada... que no pase nada. Lo miro y su expresión está peor que antes. Hay algo más que enojo en sus ojos: veo desilusión, incluso algo de dolor. Mi corazón se oprime al sen