Samantha
Rossy y Williams regresan a la sala, con Rossy claramente irritada y yo todavía riéndome por lo que acaba de pasar.
—Creo que ya nos vamos —dice Rossy, cruzándose de brazos y mirándome con una mezcla de vergüenza y molestia.
—¿Pero por qué? Ya les dije que hay habitaciones disponibles. Pueden terminar lo que empezaron sin problemas —respondo, tratando de no soltar otra carcajada.
Rossy me lanza una mirada que, si tuviera poderes, seguramente me haría explotar.
—No es necesario. Mejor c