Samantha
Su voz me saca de mis pensamientos tormentosos. Levanto el rostro y lo miro. Él me regala una sonrisa amplia, de esas que parecen iluminarlo todo a su alrededor, que tienen el poder de borrar cualquier preocupación, al menos por un instante. Es inevitable; le devuelvo la sonrisa, aunque sé que no debería.
Pero la realidad no tarda en alcanzarme. Como un rayo, el recuerdo de su engaño atraviesa mi mente y mi sonrisa se desvanece.
—¿Estás bien? ¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara? —pregunta con