Esos hombres con cara de matones habían aporreado la puerta con tanta fuerza que despertaron a todo el vecindario, y parecían dispuestos a lastimarme si no les pagaba.
Sin embargo, con los vecinos de testigos, me sentía más tranquila. Respiré hondo y les pregunté con calma:
—¿Bajo qué condiciones le prestaron esa cantidad de plata a Sergio?
Uno de ellos, mientras miraba mi casa con descaro, respondió:
—Usó esta propiedad como garantía.
Su respuesta me tranquilizó aún más.
—Si creen que tengo la