Capítulo 7
Esos hombres con cara de matones habían aporreado la puerta con tanta fuerza que despertaron a todo el vecindario, y parecían dispuestos a lastimarme si no les pagaba.

Sin embargo, con los vecinos de testigos, me sentía más tranquila. Respiré hondo y les pregunté con calma:

—¿Bajo qué condiciones le prestaron esa cantidad de plata a Sergio?

Uno de ellos, mientras miraba mi casa con descaro, respondió:

—Usó esta propiedad como garantía.

Su respuesta me tranquilizó aún más.

—Si creen que tengo la
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