Mundo ficciónIniciar sesiónElias retrocedió, golpeando su espalda contra la pared fría.
— Eso es imposible. El sistema es perfecto. El insomnio y las visiones fueron erradicados hace un siglo. El desconocido soltó una carcajada seca que terminó en una tos metálica. — El sistema no erradicó las visiones, Thorne. Las embotelló. Las convirtió en combustible. Tú eres un técnico, deberías saberlo: nada se destruye, solo se transforma. Ese bosque que viste... es un lugar real. Y el hecho de que lo hayas visto significa que el muro en tu cabeza tiene una grieta. El hombre le tendió un pequeño chip de datos, una reliquia de silicio que parecía prehistórica. — Si quieres saber qué hay al otro lado de esa grieta, búscame en el Subsector Cero. Pero ten cuidado, Elias. Una vez que aprendes a soñar, el mundo real se vuelve una pesadilla insoportable. Antes de que Elias pudiera preguntar nada más, el hombre se fundió con la oscuridad del callejón. En el cielo artificial de la ciudad, una sirena comenzó a aullar. Una patrulla de "Pacificadores" se acercaba. Elias miró el chip en su mano. Su pulso seguía acelerado, pero por primera vez en su vida, no se sentía vacío. Se sentía aterrorizado. Y extrañamente, vivo. Elias no podía esperar. La curiosidad era como un ácido quemándole la palma de la mano. Sabía que si regresaba al cuartel de mantenimiento, los escáneres de la entrada detectarían el hardware no autorizado en sus bolsillos. Tenía que hacerlo ahora, en la clandestinidad de su pequeño cubículo de descanso. Se encerró en su unidad habitacional, un espacio de apenas cuatro metros cuadrados donde el aire reciclado siseaba constantemente. Se sentó frente a su consola personal y, con dedos temblorosos, deslizó el chip en la ranura de expansión lateral. La pantalla parpadeó. Un código de advertencia en rojo sangre inundó su visión: [ERROR CRÍTICO: Formato de archivo no compatible. Hardware obsoleto detectado.] Vamos, vamos... —susurró Elias, tecleando comandos de bypass que había aprendido en sus años de formación técnica. Sus dedos volaban sobre el teclado táctil, puenteando los protocolos de seguridad de la red central. De repente, el zumbido de la consola cambió de tono. El ventilador se aceleró, y la interfaz azul de Neo-Ether desapareció, reemplazada por una negrura absoluta. Entonces, una sola línea de texto blanco apareció en el centro: PROYECTO: MNEMÓSINE - FECHA DE ARCHIVO: 12 DE MAYO, 2012. No era un programa. No era un virus. Era un archivo de video. Al darle "Play", la pantalla no mostró imágenes nítidas. Era un caos de colores vibrantes, grabados con una cámara manual. Se veía a una niña pequeña corriendo por un campo de flores amarillas. No eran flores de holograma; se podía ver el polen flotando en el aire y escuchar el sonido del viento real, no el zumbido de los extractores de la ciudad. Elias sintió que se quedaba sin aliento. La niña se giró hacia la cámara y sonrió. Tenía los mismos ojos que él. — Si estás viendo esto, es porque el olvido aún no ha ganado —dijo una voz de mujer detrás de la cámara. Era una voz cálida, llena de una emoción que Elias no reconocía: amor. De pronto, el video se distorsionó. Gritos. El sonido de cristales rompiéndose y el estruendo de algo pesado aterrizando en el suelo. La imagen se volvió borrosa y mostró el cielo... un cielo azul de verdad, que rápidamente se oscurecía con el humo de las explosiones. — Elias, recuerda... no es falta de sueño. Es un robo. Nos están robando el... —la voz se cortó en un estallido de estática blanca. La pantalla se apagó. El chip empezó a echar humo, autodestruyéndose por el calor. Elias se quedó inmóvil, con las lágrimas rodando por sus mejillas por primera vez en su vida. No sabía qué era llorar, solo sentía que sus ojos "se filtraban". En ese momento, la puerta de su unidad vibró con un golpe seco. — ¡Unidad 402, abra de inmediato! Inspección de rutina del Ministerio de Estabilidad. Habían rastreado el acceso ilegal.






