Rumores.
—Quise venir primero a saludarte, Martín. Hoy, cuando desperté, ya te habías ido— dijo Laura al entrar en su oficina. Martin , evidentemente estaba indispuesto.
Él alzó la vista y respiró hondo, visiblemente ofuscado. Ella sonrió con cautela y se acercó lentamente, tratando de leer su estado de ánimo.
—¿A qué hora regresaste anoche, Laura?— preguntó él, su voz cargada de reproche.
Laura lo miró con pena, sintiendo el peso de su descontento.
—Discúlpame, no sabía que me tomaría tanto tiempo ay