Encuentros no muy gratos.
La luz del sol se filtraba a través de las ventanas del hospital, iluminando la habitación donde Belinda se recuperaba. Había sido ingresada dos días más mientras le realizaban algunos chequeos pertinentes. Aburrida, miraba el ramo de girasoles que alguien había dejado sobre la mesita. Le emocionaba solo pensar que hubiera sido Martín. La enfermera entró y, con interés, le preguntó quién lo había dejado allí y por qué no la despertaron.
—Algunos compañeros de su trabajo que vinieron a verla, se