Cuando el sol apenas acababa de ocultarse, Nehuel fue el primero en llegar al punto de encuentro. Mientras se acercaba, el inmenso e increíblemente frondoso árbol, cuyas ramas arqueadas hacia abajo, llegaban prácticamente hasta el suelo, por lo que a medida que se lo miraba más de cerca, tenía toda la apariencia de una cueva oculta bajo la tupida vegetación.
Una vez debajo, Nehuel pensó en arreglarlo de modo que fuera un lugar más acogedor para una señorita. Cortó unas cuantas ramas de las que