La conversación que había tenido con Nadia en verdad la había llenado de paz, de calma entre tanto tormento. Después de una prolongada espera a que la madre de su amiga se hubiese ido, ella había accedido a ayudarle a ocultarse en su casa. No sabía cómo agradecerle por esa gran ayuda más que auxiliarla en su recuperación y en todo lo que estuviera al alcance de sus manos.
Ileana se sentía muy comprometida a ser lo más discreta posible para que nadie supiera de su paradero; cambiaría su identida