Los segundos pasaban en completo silencio. Tan solo el silbido del viento era el que reinaba por todo ese oscuro lugar. Aquella euforia placentera de Velkan al haber casi engullido a su contrincante, le estaba pasando una atormentante factura. La conciencia había comenzado a hacer estragos en su mente, aunque realmente Velkan tenía mucho por qué culpar a ese lobo maligno ante sus ojos.
Una parte le decía que hizo bien, pero la mayoría taladraba su mente, diciéndole que era un maldito asesino. A