Las dos extrañas mujeres la observaban, y aquello le provocaba cierta intranquilidad a Antonella. Sobre todo porque en ese momento no era nada sin su magia poderosa y menos en aquel lugar del cual ella no se sentía formar parte.
Si bien la señora rubia de falda floreada pegada al cuerpo y blusa blanca, la miraba con amabilidad –Antonella no se acostumbraba a la forma de vestir de ese mundo, le parecía asquerosa y no tenía nada que ver con exhibir el cuerpo, sino con lo ridícula que hacía ver a