Las horas pasaban con una lentitud cruel. El reloj en la sala de espera parecía no avanzar nunca, y el silencio entre ellos se volvía cada vez más insoportable. Sasha caminaba de un lado a otro, frotándose las manos, mientras Steven intentaba calmarla con frases suaves que apenas tenían efecto. Norman se mantenía sentado, con la vista clavada en la puerta de la habitación donde Ekaterina seguía internada, inconsciente, conectada a monitores que escupían líneas y pitidos que él ya no podía escuc