La habitación continuaba en penumbras, apenas iluminada por la luz suave de la lámpara junto a la cama mientras él tiempo parecía estirarse de manera interminable como si estuviera suspendido en alguna especie de limbo donde el tejido mismo del espacio tiempo estuviera detenido. El pitido constante del monitor, él único sonido continuo en la habitación, llenaba el silencio con un ritmo monótono, casi hipnótico pero a la vez incómodo. Norman se quedó allí, sentado junto a Ekaterina, sin atrevers