asha se detuvo frente a la puerta de la casa que ahora era de su hermana. Dudó por un segundo, con los dedos apenas rozando la madera como si no estuviera del todo segura de lo que haría a continuación. Incluso podía sentir su pulso acelerado, como si ese reencuentro fuera más difícil que cualquier otro. Finalmente respiró hondo y llamó suavemente. La puerta se abrió luego de un minuto que pareció eterno. Ekaterina la miró con los ojos entrecerrados, desprovistos de maquillaje y con el cabello