Silencio

Rojas no era fan de la quinoa, pero Isabela suele prepararlo muy bueno, sabrosísimo, como si fuese poco su salmón siempre era perfecto, entendía cómo y por qué se había enamorado Sergio de ella.

—Rojas puedes hablar y comer.

—No. Sergio, eso es de mala educación —responde e Isabela se ríe mientras le sirve una copa de vino.

—Sergio, el que tiene que hablar, eres tú, quieres volver a ser presidente sí o no.

—Sí, laboralmente, no familiarmente. O sea cuantos entrenamientos de Isaac…

—Sergi,
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