Isabela era una mamá del fútbol impresionante, se despertaba a las cuatro de la mañana, se lavaba los dientes y la cara, iba y preparaba un desayuno ligero para su hijo y una merienda para cuando saliera de entrenamiento. Le revisaba el maletín para que no hubiera emergencias de tennis ni de camisetas para ir a la escuela y veía a su pequeño hijo salir de la ducha.
—Si quieres no vamos.
—Sí, sí, sí quiero, falté ayer. —se recuerda el niño y siu padre le da un beso en la mejilla.
—¿Por qué no