Mundo ficciónIniciar sesiónSarah se encerró en la habitación que le habían asignado, se tumbó sobre el adredón ultra moderno que cubría la cama, y dejó que las lágrimas rodaran libres por su cara. Le hubiera gustado salir corriendo de allí, huir bien lejos, donde Adam no pudiera volver a hacerle daño, pero esa opción estaba descartada para ella, al menos mientras Philip siguiera durmiendo en su casa. Puede que le hubiera roto el corazón







