Capítulo Ocho.
Alessandro Cowell.
El aliento expiró de mí.
El oscuro pasado llegó en el equivocado momento, y al lado de la persona menos indicada.
Elena.
— ¿Diego Torres, eres tú? —volvió a insistir él, al hombre que jamás deseé en la vida.
Elena me miró con los ojos entrecerrados, confundida. Está esperando por mí reacción.
No puede conocer mi verdadera identidad, no.
Y él me tomó por el hombro, y me volteó de un solo jalón. Me miró, y agrandó sus ojos.
Oh, por Dios, no.
Estoy a espalda de ella.
—Señor, est