Era sábado por la mañana cuando Amália se sorprendió al encontrar a Filipo en la cocina preparando el desayuno. Estaba colocando los alimentos sobre la mesa y acomodando los cubiertos. Su expresión era ligera y relajada, como si estuviera de muy buen humor.
—Buenos días, Amália. Veo que te despertaste más temprano de lo habitual. ¿Cómo dormiste? —preguntó con una sonrisa amable, acercándose para depositar un suave beso en su frente.
—Buenos días. Dormí bien, gracias. ¿Qué haces en la cocina a e