Cuando Amalia despertó el domingo por la mañana, sentía que su cabeza iba a explotar en cualquier momento. Nunca había sufrido una resaca en su vida, pero imaginaba que aquello debía de ser exactamente lo que estaba sintiendo.
Se levantó y tomó una ducha fría.
Cuando terminó, ya se sentía mejor.
Tomó un medicamento para el dolor de cabeza y bajó a la cocina para comer algo.
Mientras caminaba por la casa, recordó la noche anterior.
Recordó al desconocido enmascarado que la había besado.
Un escal