Eliza
La cama estaba vacía cuando desperté. Parpadeé un par de veces, tratando de disipar la neblina del sueño, y deslicé la mano por las sábanas frías, buscando alguna señal de que el señor Müller había estado allí hasta hace poco. Nada.
Había algo casi irreal en estar compartiendo su cama, en haberme sentido tan cercana a un secreto que se negaba a ser completamente revelado.
Con el sol asomándose tímidamente entre las cortinas, mis ojos se abrieron a una realidad diferente.
Me incorporé le