El desayuno fue enviado en cubierta, bajo un tordo azul. Tuve la sensación de que tanto los pasajeros como la tripulación al completo estaban allí solo para vernos. Los últimos trataban de mostrarse indiferentes, pero los invitados ni siquiera se esforzaba en disimular su curiosidad.
Wendy me había prestado unos elegantes pantalones verdes y una maravillosa Camisa de seda que me daba la prestancia adecuada para tan elegante entorno.
Fernando me presento a todo el mundo, pero no me quedé con lo