Faltaban unos días para la boda, Maximiliano ya se había rendido ante la petición de su abuelo y decidido aceptar, no podía dejar de sentirse mal porque Sofia se viera obligada a casarse con él, pero la situación ya se salía de su control pues en realidad aparte de unir sus familias todo era por ella, para que pudiera contar formalmente con el respaldo que le ofrecían los Montenegro y así su tío no se aprovechara de la situación para quedarse con todo lo que sus padres le habían dejado a ella.