18. La maldición
El viernes por la noche, después de habernos ignorado casi toda la semana, Evan se acercó a mi lugar.
—Llamó Vik y necesita que vayamos a verlo esta noche —anunció evitando mirarme—. Tiene noticias importantes.
Por alguna extraña razón, estaba llena de ira y tomé su rostro para obligarlo a que me mirase. Ya no teníamos veinte años, éramos un par de adultos de poco más de treinta y debíamos comportarnos con madurez.
—Pasa por mi a las ocho —le dije con determinación, y soltá