16. In memoriam
Tal como habíamos acordado, a las cinco de la tarde de aquel sábado soleado pero frío, alguien llegó a mi puerta con una maleta en la mano y un pequeño neceser en la otra. El joven, que no tenía más de treinta años, me saludó con un beso en cada mejilla.
—Pues bien, cariño —dijo en cuanto lo invité a pasar—, en esta maleta, tengo montones de vestidos de todo tipo para que te pruebes. ¡Tienes que deslumbrar esta noche!
—Espero que mi… —iba a decir ángel, pero me contuve—amigo, te