Amanezco encerrada en una prisión de brazos y piernas fuertes que me hacen sentir cálida. Estoy adolorida, pero la sensación de haber sido suya por primera vez, supera cualquier molestia que sienta. No me atrevo a mover ni un solo músculo, no quiero despertarlo y correr el riesgo de que se rompa el hechizo. Me gusta estar así con él.
¿Qué pasará ahora que nos toca enfrentar la realidad y no tenemos ni una sola gota de alcohol en nuestras venas?
Reconozco que anoche estaba como una cuba, sin em