La llegada a la oficina fue distinta esa mañana. Kathie y Noah subieron juntos en el ascensor privado, sin palabras, pero con esa complicidad silenciosa que había comenzado a nacer entre ellos. Él la miró de reojo, como si leyera sus pensamientos, y ella respondió con una leve sonrisa que aún conservaba el eco de la noche anterior.
Al llegar al piso ejecutivo, todo parecía en orden… hasta que se abrió la puerta de la sala de juntas.
Allí, de pie junto a la mesa principal, había una mujer joven.