Nerea apagó su computadora, guardó sus cosas y se dirigió hacia la salida. El edificio estaba casi en completo silencio. A excepción por el personal de limpieza, la mayoría ya se había marchado a casa.
Hace rato había pasado la hora de su salida. Ahora que tenía a Piero y Alba no le gustaba quedarse trabajando hasta tarde, menos un día después de que su hija había recibido sus vacunas. Su pequeña todavía estaba de mal humor a causa de ello y eso tenía tenso a Piero.
Sonrió al recordar la escena