Piero le contó a Nerea la misma historia que Vittoria le había contado a él. No se guardó nada, ni siquiera cuando llegó a la parte en que ella se estaba quedando en casa de sus padres.
Nerea se mantuvo inexpresiva en todo momento y era difícil saber lo que pasaba por su cabeza.
—¿Le crees? —preguntó ella después de lo que se sintió como una eternidad en silencio.
Tomó como una buena señal que no lo mirara como si le fuera a arrancar la cabeza.
—No lo sé, parecía sincera, pero…
—Pero ¿qué