El tiempo parecía haberse detenido en el preciso momento que la doctora leyó los resultados de la prueba de ADN.
Piero tragó el nudo que se le formó en la garganta y bajó la mirada hasta Alba que descansaba en su pecho ajena a todo. Levantó su mano y acarició su rostro con delicadeza. Había crecido bastante en el mes que estaba con él, pero seguía pareciendo una cosita diminuta y frágil. Algunas noches aún se despertaba aterrado por la idea de haberla aplastado mientras dormía solo para encontr