CAPÍTULO DIECINUEVE

Marcus había perdido al menos treinta kilos. Su rostro estaba demacrado, su piel amarillenta. Tenía tubos que conectaban sus brazos con varias máquinas. Parecía anciano, aunque solo tenía treinta y ocho años.

Abrió los ojos al entrar. Esos ojos eran los mismos: azul pálido, intensos. Pero ahora reflejaban dolor y algo que podría haber sido arrepentimiento.

"Emma." Su voz era un susurro ronco. "Viniste."

Emma se quedó paralizada en la puerta. La mano de Ryan en su espalda le dio fuerzas para dar
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