Sebastián se aferró al sillón, casi clavando sus dedos en el mueble y atravesando la tela, sentía que su corazón saldría de su pecho en cualquier momento.
Estaba viendo fijamente con sus ojos oscuros a los ojos cansados y viejos de su madre, quien estaba por contarle la versión de su historia.
“¿Estás seguro de que quieres saber la verdad?” Le dijo la voz de su cabeza
“Sabes qué puede doler y no ser lo que te imaginas”
La mujer finalmente suspiró, lista por contar toda la verdad, y Sebastián si