Forzé mis ojos a abrirse, parpadeando con fuerza.
Blanco.
Todo era blanco.
El techo. Las sábanas. La luz clavándose directamente en mi cráneo.
Mi corazón dio un vuelco en el pecho, y el instinto se activó: me incorporé de un salto, jadeando, arrastrando aire a mis pulmones como si hubiera estado bajo el agua durante años.
Me di unas palmadas en las mejillas con ambas manos, fuerte, solo para asegurarme de que esto no fuera un extraño sueño ni alguna tontería del más allá.
El ardor me conectó co