Acepté el compresor de hielo que Adam me entregó, presionándolo suavemente contra mi mejilla enrojecida.
El ardor de la bofetada de Amore comenzaba a desvanecerse, reemplazado por un dolor cálido y persistente. Aparentemente, su estallido no era solo ira, sino preocupación. Preocupación por mí, por su nieto. Eso explicaba mucho… aunque no hacía que fuera menos aterrador.
Me recosté contra la encimera, el compresor de hielo aún presionado contra mi mejilla, y observé a Adam apoyado casualmente a