Lorenzo estaba sentado rígido en la cama del hospital, el olor a antiséptico quemándole la nariz. Un doctor hablaba con un tono calmado, ensayado, explicando pérdida de sangre, riesgos de infección, necesidad de reposo. Seth estaba a su lado, brazos cruzados, el rostro tenso de preocupación.
Pero Lorenzo apenas escuchaba una palabra.
Su mirada seguía desviándose hacia la ventana de cristal en la puerta, al pasillo del otro lado. Cada pocos segundos, la buscaba: Isla.
Debería preocuparse por sí