Arrastré los pies por el camino, el cansancio pesando en cada paso.
Mi mente no dejaba de dar vueltas sobre la conversación que había tenido antes con Rafael, girando sobre sí misma como un depredador que no puede soltarse. Cada pensamiento me dejaba más tensa, más pesada, como si caminara entre barro.
Cuando llegué a la mansión, las sombras de la tarde se habían alargado, y un débil resplandor de lámparas iluminaba la entrada. Me detuve en el umbral y vi a Lorenzo dentro. Estaba hablando con l