**Punto de vista de Valeria**
La alarma seguía sonando, y su eco golpeaba las paredes del patio de entrenamiento como una advertencia de la propia Diosa Luna.
Todos se quedaron inmóviles, sin atreverse a moverse. Entonces estalló otro caos: los guerreros corrían a nuestro lado hacia las puertas norte del palacio, mientras los sirvientes pasaban apresurados, presa del pánico.
Podía oír a los guerreros de rango superior dando órdenes a sus subordinados desde todas direcciones. El metal resonaba