SIN PERDÓN.
SIN PERDÓN.
―No ―lo interrumpió ella suavemente ―él no tu hijo.
Todos los sentidos de Aleksander se pusieron alerta y su lobo interior rugió con descontento. Estaba seguro de que el pequeño era suyo.
―Hanna… ¿Crees que no puedo oler a mi cachorro? ¡A todas luces es mío!
Ella no se inmutó ante su desafío y abrazó a su hijo más fuerte.
―No ―dijo sin apartar los ojos de él ―no es tuyo. Recuerda tus palabras, Alfa Aleksander. Lo llamaste bastardo, dijiste que no merecía nacer porque mancharía tu or