ASEDIO Y MUERTE (II)
El estruendo de la batalla se filtraba a través de los túneles, una cacofonía de aullidos y gruñidos que marcaban el ritmo del destino de la manada. Lorenzo, con su corazón atrapado entre el deber y el amor, emergió de las sombras subterráneas. Sus pasos eran seguidos por una transformación brutal; su humanidad se desprendía como un caparazón roto, mientras su forma de lobo tomaba el mando, poderosa y despiadada. Se lanzó hacia la contienda, una bestia imparable en la lucha