Mientras tanto en Puglia, Nair había sido dada de alta.
La brisa fría de la tarde acariciaba los olivares, llenando el aire con un aroma terroso y añejo. En el interior de la villa familiar, Julio y Francisco discutían en voz baja, sus rostros marcados por la preocupación.
—Padre, recibí información de Roma —dijo Francisco, con el ceño fruncido mientras sostenía una carta arrugada—. Han reportado a Nair como desaparecida.
Julio, sentado en su silla favorita junto a la chimenea, dejó escap