Lidia.
La fiesta fluyó con naturalidad. Los niños se divirtieron en los juegos, hicieron un desastre en el jardín y pasaron el tiempo riendo a carcajadas.
Todo estaba bien hasta que vi llegar al señor que antes
llamaba padre.
— Hola hija. — Lo ignore, me di la vuelta y caminé. — Lidia espera. — El me agarró del brazo. Lo jale al instante, no soporto que me toque.
— Déjeme en paz o lo demandó por acoso.
— Hija.
—¡Yo no soy su hija! — Me alteré y llame la atención de algunas niñeras. No quería ha