Capítulo 47: Hacía el altar.
Los pensamientos se fundían con el viento que entraba agradable entre las cortinas de aquella lujosa habitación de hotel. Las personas iban y venían, quizás, con demasiada prisa, para que todo estuviese mucho más que perfecto. Acomodando su corbatín negro, y aquellas flores blancas de su bolsillo, Caleb Auritz le mostró una radiante sonrisa a su reflejo.
Aquel era el día en que se casaría con la mujer que había amado siempre.
Un sentimiento de gran regocijo se apoderó de él. Recordando todos a