—Puedes dejarme en la estación de autobuses, ya sabes. En serio, no hace falta que me lleves—. Luché con Clark por llevarme hacia mi lugar de trabajo porque él insistía en llevarme allí.
—¿Quieres callarte y dejar que te lleve? No voy a repetirlo otra vez y es sólo por hoy—. Resopló, irritado por mi terquedad.
En estos momentos estoy sentada dentro del coche con él y apenas han pasado tres minutos desde que salimos de casa.
—Pero Clark, ¡llegarás tarde al trabajo por mi culpa! Me llevarás casi