—Venga, vamos a otra tienda—. Dijo sonriendo como una niña que acaba de comprar una enorme casa de muñecas.
—Sí, vamos—. Dije y nos dirigimos hacia la salida. Cher fue la que abrió la puerta de salida, pero cuando estaba saliendo de ella, accidentalmente choqué con alguien, haciendo que se le cayera el café.
—Dios mío, lo siento mucho.
Mis ojos se abren de par en par, cuando la mujer se baja a recoger las revistas que también lleva.
Joder.
Levantó la cabeza y se apartó el pelo de la cara. Veo c